domingo, 15 de noviembre de 2020

Hoy, le escribo a mis pecados,
hoy, le escribo a mis demonios, a los tuyos y a los nuestros.

Recuerdo cuando nos conocimos,
dijiste que enfrentabas tus miedos,
te miré sonriente,
¿cómo temerles si aún no conocias los míos?

Los miedos ajenos dominan al mundo,
tener miedo es poderoso y hace poderoso a un otro.
Espero un día puedas enfrentar a tus miedos y a tus demonios,
yo mientras río, río junto a los míos y me convierto en los tuyos.

martes, 15 de septiembre de 2020

El faro del comienzo del mundo II

Creo haber leído esta historia antes, o quizás la escribí yo, o quizás tu, no recuerdo, pero sí recuerdo la historia, hoy, sentado y bebiendo mi licor irlandés mientras llueve, afuera llueve, pero esta vez no me puedo quejar como en historias anteriores, porque estoy en un bar en el puerto, y en los puertos llueve, pero no desde el cielo, sino que desde lo más profundo del océano, siendo la lluvia que nace en el punto previo a que se desborde el mar al fin del mundo. Pero no vine hasta aquí para contarte de cómo nació la lluvia en el fin del mundo, o quizás sí, pero no, jeje, hoy quiero hablarte del único navío que quedó sobre las aguas el día en que el tiempo se detuvo. 

Fue la mañana previa antes de zarpar a la ruta de comercio habitual, un viaje de dos semanas, la tripulación ya estaba lista, solo faltaba él, un joven de fermentados y ajeno al ron, mal pirata quizás pensarás, jeje, pero no, no éramos piratas, no, éramos la tripulación del Octopus, barco sin igual, de más de cien años y su primer capitán aseguraba haber conocido el octavo mar en su primer viaje. Su primer y único capitán. Más de cien años, solo que cada cierto tiempo adaptaba su propia historia como si hablara de sí mismo, luego de su padre y luego de su abuelo. Ahora se supone que era su propio bisabuelo. A nosotros no nos importaba, suponíamos que en el océano se detiene el tiempo, porque el solo envejecía cuando sus pies tocaban tierra. Pero hoy no les hablaré del capitán sino que de este joven, que buscándose a sí mismo, se sumergió en el mar.

El barco zarpó. El sol nos hacía compañía. El viento nos llevaba con suavidad. Las olas eran tenues. Era el viaje perfecto. Podias cerrar tus ojos y estar ajeno al mundo. Era silencio. Subí a la vela mayor, me paré sobre el poste. Era uno con la brisa, hasta que lo sentí, abrí los ojos y por mi costaba iba el joven levitando. Sus ojos aún cerrados y una tenue sonrisa. Lo miré con calma, a punto de alejarse del barco. El grito del capitán me despertó, la tripulación completa levitaba fuera de la nave. Tomé su mano y me aferré con todas mis fuerzas a la vela. ¡Despierta! ¡Por favor despierta! El joven sonreía, y la vela se desprendía. Abajo el capitán era el único con los pies sobre la madera e intentaba ingenuamente atar a los colegas. Fue en vano. El joven flotaba cada vez más lejos, la vela cedía, mis brazos ardían, mis dientes se apretaban, y comenzó de nuevo. En mi mente el barco zarpaba, el sol nos hacía compañía y el viento nos llevaba con suavidad. Desperté y el joven me miraba, aun sonreía, pero esta vez una lágrima se desprendió de su mejilla. Ni siquiera intentó sostener mi mano. Solo se desprendió. Iba sonriendo. Todavia tenia olor a alcohol. Mis compañeros pasaron a mi lado, todos sonriendo y llorando al mismo tiempo. El sol nos abandonó. Era penumbra, el día se nubló. Súbitamente dejé de flotar y caí en la proa, el capitán jadeante se acercó a mí, se veía más joven. Me dio su mano, me examinó, ¿estás bien? Preguntó. No lo sé, atine a decir. Hemos llegado, agregó. La neblina acorta el trayecto.

Era roquerio, no era el puerto. Acantilados se veían a lo lejos. y una luz, una luz verde que giraba contra las manecillas del reloj. Se reflejaba sobre el mar y en cada reflejo podías ver el fondo, en plena oscuridad. Barcos navegaban bajo las olas, algunos invertidos, otros destruidos. El capitán guardaba silencio. El Octopus se detuvo. Un pequeño bote vino al encuentro. Los marinos me eran conocidos, cuál de todos ellos es más viejo, incluso algunos eran solo esqueletos. Llegamos a la playa y subimos una escalinata.

Me tragué todas las palabras que quizás algún día creí conocer. Era imponente. Un faro que jamás creí que pudiera haber sido construido. Se abre la pequeña puerta en lo alto. ¡Esta vez no he llegado tarde capitán! esa voz la conocía, y olí el alcohol. El capitán rie. Era un anciano quien nos recibía. El capitán sin mirarme, sonríe y me cuenta… Conocí este lugar, antes de la invención de la escritura, antes del dón de la palabra, antes incluso de que pudiéramos navegar, solo aparecí aquí un día y con uso de razón. Un gran pulpo me observaba, se abrazó a sí mismo y se convirtió en barco. Me llevó sobre sí a la orilla del fin del mundo. Entendí entonces que quería apaciguar la lluvia que venía de aquel lugar. Era una petición de auxilio, era la historia del mundo concentrada en aquel lugar. Vi las guerras, la hambruna, el dolor, todo aquello que queremos olvidar, incluso antes de que ocurra o de que supiéramos que va a ocurrir. En su momento no supe qué hacer, solo le pedí al Octopus que me llevara a tierra firme y me llevó al puerto. Ya existía una ciudad, desconozco cuánto tiempo estuve en el mar. Toqué la arena y sentí el paso del tiempo sin saber lo que era el tiempo. Me quedé en el barco por años y entonces lo entendí. Debes desprenderte, debes soltar si quieres avanzar. No sé con qué cara de horror miré al capitán, porque su sonrisa se esfumó, pero prosiguió. A veces, debes sacrificar versiones de tu propia historia para continuar. Subió a lo alto del faro, donde estaba la luz verde, abrió el ventanal y salió al balcón. Era oscuridad absoluta. 

Me apoyé absorto en la belleza de la inmensidad, tal cual como si no existiera el tiempo. El capitán mantuvo silencio, como si guardara un minuto por cada persona que había llevado al faro. Y comenzó otra vez en mi mente, el barco zarpando, el sol de compañía y la briza. Un tentáculo salió del mar y abrazando con extrema ternura se llevó al capitán. Ese día no llovió, ni por varios días más.

Pasaron años, yo seguía igual y la tripulación comenzó a rejuvenecer, a tal punto de desaparecer poco a poco, menos él, el joven y su olor a alcohol, quizás porque sabía manejar la luz del faro.

Pasaron décadas y un día pasó, la lluvia regresó y un caballo de mar se posó sobre una roca y comenzó a relinchar, me acerque a él y se abrazó a sí mismo, convirtiéndose en un barco sin igual. El joven se despidió de mí con un gesto sutil. Subí, pero esta vez no navegamos al fin del mundo, me trajo al puerto, a este puerto. La gente caminaba hacia atrás y las construcciones se desmoronaban. Pisé la arena y el tiempo se detuvo. Caminé al bar, me serví un licor irlandés. Me reí, estaba yo frente a mí, bebiendo antes de partir. Vi al joven beber su primera cerveza y vi al capitán reclutando a su primera tripulación.

Vi al tiempo directo a sus ojos, vi al faro encender su luz por primera vez y te vi a ti buscando respuestas en este cuento, sobre el joven y su viaje de autoconocimiento, sobre al capitán y su vida familiar, sobre el Octopus y su viaje al octavo mar, pues lo siento, hoy toca esta versión, porque lo otro ya lo sabes, recuerda, cuando me inventaste una voz y me escuchaste en tu mente, en una versión que ya has sacrificado de tu propia historia.

martes, 25 de agosto de 2020

Ejercicios de estilo, Quiroga, Bolaño y Baby Cami G Pop Art

ESTILO QUIROGA


Se le veía sentada en el parque, esperando. Era la única que no lo sabía. Esperaba que él llegara. Pero todos sabíamos que no sería así. Ella lo conoció en aquel parque, el primer beso, el primer te amo, el primer nos vemos pronto. Ella fue a su funeral, estaba en silencio, se retiró y fue a la banca. Se sienta como si lo fuera a esperar por siempre. Cuando la gente se le acerca y le pregunta por su día, ella te cuenta la misma historia desde perspectivas diferentes, a veces era medio día, a veces el atardecer, pero siempre el mismo desenlace, el pide que la espere, que volverá pronto. Lo único pronto fue su muerte, fue súbita y repentina, algunas personas dicen que él sabía que moriría y quería seguir atado a este mundo sintiendo que alguien lo amaría por siempre. Las vecinas cuentan que a veces ella llega sola y por las noches al parque y escuchan su risa, y otra que le hace compañía. No se sabe, yo no lo sé, pero si la he escuchado reír, a solas y a veces no tanto, prefiero no confirmarlo.


ESTILO BOLAÑO


Candy Brandy era la inseguridad hecha persona, pero no lo representaba mientras caminaba a casa con el tacón roto. Había visto demasiados capítulos de Sex and the City como para saber disimularlo. Se cayó del tubo, profecía autocumplida. Su sugar Daddy, se levanta con cara de otra vez y se larga. Ya no es dulce la caída, no es dulce la sangre que siente en su boca. Candy Brandy camina a casa, se saca los zapatos, los deja tirados en el paradero. Se detiene un taxi y le grita improperios. Candy Brandy ya perdió la vergüenza y se alimenta del miedo. Se cambia de ropa a plena luz del día, Llega a casa descalza y con su labio hinchado. Deja escapar un buenos días que no es contestado, la casa duerme, la familia duerme, pero Candy Brandy sigue despierta, la ansiedad la come, la devora, se hunde en su cama y aplasta la cara con la almohada, se quita el maquillaje, se sonríen, mutuamente. Abre su cajón, toma una pastilla, Candy Brandy duerme y despierta Camila.


ESTILO BABY CAMI G POP ART


Fumo el último cigarro, un Apple Red, o sea, mínimo como fan de Tarantino, gasté dinero innecesario en algo que no necesitaba para impresionar a gente a la que no le importo, o sea, ni Will Smith a quien cité ni Tarantino me conocen, pero aquí estoy, fumando, y ni siquiera fumo, es para llamar la atención, necesito ser popular, quizás ser un referente, quizás tanto como los reggaetoneros del siglo XX, a quienes se hace referencia en el reggaeton actual, ¿o no se habían dado cuenta? ¿acaso no se puede analizar desde la intra e intertextualidad una canción de regaeton o trap? los desconozco, o sea full vergüenza si Bad Bunny los mirara a los ojos en este momento, pero igual raro que un tipo así te mire a los ojos, la raja les miraría primero, full squat con peso máximo, a lo calle 13 pa tener nalgas de catorse kilates. Se acaba el cigarro, no pienso encender otro, que me enciendan la vida mejor, necesito motivación. Miro un cigarro, lo dejo, sin antes escribirle, fumame. Fumame, quizás eso es lo que realmente quiero. Que me fumen, no que me funen, tema delicado. No dije dónde estaba, si era fuera de un bar o fuera de una disco ¿disco se le dice? Que 1999 mi comentario. Un beso y un abrazo. Y fumense, fumense a sí mismas y a sí mismos, nos vemos pa fumarnos, funarnos y esfumarnos.


martes, 21 de julio de 2020


Escribo para liberar lo más oculto, lo ajeno, lo mío, lo tuyo y lo nuestro.

martes, 14 de julio de 2020

El tiempo se detuvo, lo último que recuerdo fue la explosión y yo volando. Mis brazos se extendieron por sobre mi rostro, por sobre mi cabeza. Por fracciones de segundo pude pasar de mi forma humana a mi forma de bestia. Parte de mi piel se quemaba, mis piernas, mi vientre desnudo, mi torso. Poco a poco el pelaje me cubría y me salvaba de mayores daños. ¿Por qué Caperucita? ¿Acaso le creíste a los cerdos? No, no fui yo quien soplo y soplo y derrumbo sus casas. Yo le dije al cerdo más joven que la hierba tierna no, que debía ser paja, pero aun así no lo recomendaba. Yo le dije al cerdo de al medio que la madera no debía estar mojada o su casa se agrietaría, pero que aun así no se lo recomendaba. Yo fui quien ayudó al cerdo mayor, él era mi amigo, yo ayudé con cada ladrillo, yo subí a su tejado. Y no caperucita, no fui yo quien en venganza quemó sus casas con ellos dentro. Yo intenté salvar a mis amigos y entonces la encontré: tu caperuza entre las cenizas. Tuve miedo y fui por ti, caperuza quemada en mano. Y entonces te vi, riendo, comiendo tocino, junto a tu abuela y tu madre la supuesta desaparecida. Sentí ira, desprecio y explosión, el cazador vengaba a sus amigos dejándose caer del techo rodeado de explosivos. El tiempo se detuvo, lo último que recuerdo fue la explosión y yo volando. La caperuza volaba a mi lado, destruida y aun así te recordé en ella sonriente. Caigo al suelo, me hago un ovillo, caen las cenizas, me sacudo y me levanto. Ya no estas Caperucita, ni tú, ni tu madre, ni tu abuela, ni el cerdo joven, ni el del medio, ni el mayor, ni el cazador, solo quedo yo y mi forma de bestia con mis emociones más humanas.

martes, 7 de julio de 2020

La voz del relato


Yo escribía sentada en la ventana cuando te vi pasar corriendo por mi lado. Ibas con tu vestido favorito, aquel blanco, largo. Llorabas y corrías por un pasillo encerado, mala combinación. Una carta de adiós cayó de tu bolsillo, era aquella carta de despedida previa al día de compromiso. Era la carta de confesión, aquella que cambiaba tu destino, aquella carta que no querías aceptar haber recibido. Te perdí de vista y te seguí, te encontré llorando en la fuente. Veías tu reflejo en el agua, apreciabas el maquillaje corrido, te limpiabas, te decías a ti misma que ya era suficiente, pero a la vez recordabas los momentos que te llevaban a intentarlo de nuevo. Me acerqué a ti, acaricié tu cabello, con el tacto era más fácil saber tus sentimientos. Tenías miedo, no te sentías capaz de empezar de nuevo. Ojalá pudieras escucharme. Llega tu madrina, está apenada, piensa mil y una vez en que tratamiento continuar ésta vez. Llora y se va, la escuchas, intentas seguirla, pero tu vestido se enreda, resbalas, caes dentro de la fuente, golpeando tu cabeza el fondo. El agua se torna como cuando niñas cocinábamos betarragas. Poco a poco dejo de leer tus pensamientos. Nuestra madre tenía razón, no somos parte del mismo cielo.

Pasó corriendo junto a personas que se apoyaban en las ventanas mientras escribían cartas de amor. Iba con su vestido favorito, aquel blanco, largo. Lloraba y corría por un pasillo encerado, mala combinación. Una carta de adiós cayó de su bolsillo, era aquella carta de despedida previa al día del compromiso. Era la carta de confesión, aquella que cambiaba su destino, aquella carta que no aceptaba haber recibido. Se escabulló por los pasillos contiguos hasta llegar a la fuente. Lloraba. Su reflejo estaba en el agua, se apreciaba el maquillaje corrido, se lo limpiaba. Se decía a sí misma que ya era suficiente, pero a la vez recordaba los momentos que la llevaban a intentarlo de nuevo. Tenía miedo, no se sentía capaz de empezar de nuevo. Lega su madrina, está apenada, piensa mil y una vez en que tratamiento continuar esta vez. Llora y se va. La chica la escucha, intenta seguirla, pero su vestido se enreda, resbala, cae dentro de la fuente, golpea su cabeza en el fondo. El agua se torna como cuando ella y su hermana de pequeñas cocinaban betarragas. Poco a poco desaparecen sus pensamientos. La madre de las niñas tenía razón, ella y su hermana no eran parte del mismo cielo.

Il faut que


Siempre me pregunté cómo sería el apocalipsis, en realidad no siempre, ya que en el baño prefería cuestionar mi existencia, pero quizás ese sí sea otro tipo de apocalipsis. Recuerdo el video Do the Evolution de Pearl Jam. Recuerdo los pagos de la terapia. Recuerdo la última dona, glaseada y vegana. Vegana, recuerdo las consignas veganas: ¡La revolución será vegana o no será! Y fue poh, pa la caga. ¿O era la revolución será feminista o no será? ¿O era la revolución será kpop o no será? Ojalá hubieran tutoriales paso a paso de cómo ser revolucionaria, pero digo tutoriales y recuerdo el cuento que quiero leer de mi compañera y pienso en el plagio di plagio y rio porque ya no hay televisión y si hubiera no hay electricidad, porque esto no es como Black Mirrow en que pedaleabas y te pagaban por la electricidad. Siento que es una estafa, el apocalipsis es una estafa. Ojalá pudiera quejarme con la gerenta, pero eso suena muy capitalista de mi parte. Extraño consumir. Sí, eso hacía en los baños. No lo recodaba hasta ahora. Los baños, extraño los baños, los baños como este, en el que creo estar. Es un baño amplio, limpio, de la pieza principal, ¿de quién? No importa. La tapa de la taza, blanca, nunca había visto una así, y lisa, perfecta. Apoyo mi cristal, no se desliza, es la perfección. Queda lo último del gramo comprado en la esquina. Lo acomodo con el último billete de dos lucas que me queda. Me acerco sutilmente. Inhalo. Inhalo profundo. El techo es blanco, los muros son blancos, la ducha es blanca, la cerámica es blanca. Yo estoy blanca. Rio. Abren la puerta, soy yo, rio más fuerte, pero no me escucho, recuerdo el meme de no entrar sin permiso a la consulta médica porque podría ser yo misma. Y soy yo poh. La revolución fue feminista y vegana y yo no estaba. Me miro. Me agacho y limpio mi nariz estoy sangrando y no puedo detenerlo. Sangro demasiado. Me sujeto con ambos brazos y cubro mi rostro. Me ahogo con mi sangre, intento liberarme, pero no me dejo. No me lo permito. Me miro a mi misma y ya no grito. Me quedo mirando y mis brazos caen y mi cabeza cae. Quedo en el piso y me voy. Siempre me pregunté cómo sería el apocalipsis.
Y aquí estoy, mirando el cuadro que describe mi realidad más cruda. Lejos, lejos de la audiencia. Afuera llueve, pero quienes disfrutan de mi arte son muy cuicos para entenderlo. Jamás podré disfrutar de la lluvia en espacios urbanos, sabiendo que alguien pasa frío, pero como les digo, los cuicos son muy cuicos para entenderlo. Miran mi cuadro y brindan. Yo jalo, jalo sobre mi mano, aquí, lejos, bien lejos de la audiencia. Ya no hay un baño, ya no estoy yo misma. Ya da lo mismo. Recuerdo la pelicula Baraka, que es como una versión extendida del video clip de Allan More, sí, el que nombre al principio, pero no hay principio, en fín, aquí es el fín, y no hay un baño blanco ni sangre que me ahogue, o quizás sí, quizás aprecio mi obra póstuma. Póstuma como aquel documental. Imagino que me recuerdo viéndolo al revez, como dije no hay principio ni fin -creo que Dark me dejó mal aunque no la ví, solo spoilers, pero un spoiler es suficiente para arruinar una historia de amor-. El agua sube por la cascada, tal como si Shiryu la golpeara. Los caballeros del zodiaco, buenisima, muy emo, no creo en el tarot, pero igual sigo varias cuentas en insta. Vuelve, vuelve a enfocarte en lo que piensas. La gente ya se fue, o quizás siguen aquí y no me miran. No, soy yo, estoy en el suelo otra vez, creo que gritan, y yo río, en realidad no rio. Me miro con desprecio, ya lo hice otra vez. ¿Qué decía mi signo para hoy? Me leo el diario, no salga de casa o quizás sí, mejor vea un tutorial de como no cagarla fuera del baño. Baño, el baño blanco, que ya no es blanco, lo censuraron, quedó manchado, quizás un poco de coca en el suelo, todavía sirve. Hace falta que… If faut que, no sé por qué se francés, debe ser porque fui a París, no, nunca fui. Me río, la gente corre. Cae el telón, no el CAE, tema delicado. El techo es blanco, el suelo es blanco. Siento frío. Quizás soy yo quien está en la calle pasando frío, pero los cuicos son muy cuicos para entenderlo. Se vende mi obra en un millon de dolares. Ahora yo soy muy cuica para entenderlo. No me pasan el cheque, dicen que no soy responsable. Qué saben de eso si nunca han acomodado la coca con un cheque, pa eso si que no son cuicos. Río, ya no me miran. Me pasan pinceles, debo seguir creando en ese espacio en blanco, todo es blanco y silencioso. Ya no río, lloro. Me miro, suspiro, leo en mis labios que me digo, pinta, pinto. Otra obra maestra. Ahora disfruto del apocalipsis. La película no mentía, aunque no se si confiar en una película que no habla es maduro de mi parte. Maduro, otro tema sensible. Pinto, me pinto a mi misma mirando el apocalipsis mientras de fondo una escena de la película, la escena de los chinos que no son chinos: Do the Evolution Baby! a no, la película no tiene diálogo, pero la canción sí. ¿El progreso es progreso si conlleva un retroceso? Que filósofa, me desconozco. Necesito más droga. No estoy limpia, o sea sí, me lavo el poto y el pelo y los pelos del poto. Río, quiero incomodar a alguien con mis frases incómodas y con mi sonrisa incómoda y mi mirada incomoda. Iré a incomodar a los cuicos con mi incómoda presencia, pero ellos son muy cuicos para entenderlo.
Alguien me mira desde el fondo, sí, desde el fondo del pasillo. Por un segundo me recuerda a la escena final de la película francesa Á la folie… pas du tout, cuando la loca que está bien loca, que no solo le digo loca de loca como le digo a las locas que no están locas, se vá, y descubren que dejó una imagen del loco que no está loco, pero que sí le digo loco como le digo a los locos, pero al que limpia le da igual y lo limpia. En fín, me perdí. El loco limpia la imagen del loco que dejó la loca, y no importa, pero me importa el pasillo porque la loca se va por el pasillo y de un pasillo similar me miran. A no, no me miran, ¿O sí? ¿Y si miro yo mejor? Me miro desde el fondo del pasillo, me traigo pizza, pizza vegana porque la revolución será vegana o no será, y será con pizza o no será. Rica la pizza o la pikza. A no que flyte, pero ustedes son muy cuicos para entenderlo. Me río. Mi psicóloga me mira, me mira con su cara de jamás haber comido pizza vegana, con su cara de querer refregarme que admita que quiero enamorarme. Quizás sí, amo el arte, y la revolución vegana que si no es vegana no será. Me mira y dice tiempo, con su cara de Dios mío tengo que seguir con esto. Me río, porque sí, ambas seguimos con esto, en esta revolución apocalíptica de mi consumo y no consumo. Me como la pizza, me como las uñas, me como las uñas con pizza, pero no la pizza con uñas, ya que ahora soy muy cuica para entender que eso es desagradable. Desagradable, siempre he querido ser una persona desagradable y ahora lo soy, debo sentirme orgullosa de mis logros. Río y lloro al mismo tiempo. No sé como terminar este cuento, ojala hubiera leido algun blog antes de intentarlo para poder plagiarlo, total, nadie se da cuenta del plagio, porque son de personas que no son ni cuicas ni podrán entenderlo. Sí, me caen mal los cuicos y los no cuicos. Me caigo mal yo. Este es mi apocalipsis. Hoy me darían el alta y dije unos añitos más. Río. Unos añitos más, una obra de arte más, un gramo más, un amor más, una ruptura más, un baño más, una película más, una escena más, una línea más. Solo una línea más, total este es mi apocalipsis y el tuyo también. No puedes garantizarme un mañana ni yo a ti. Deja de leer esto y ve por mi al baño, sube la escalera, última puerta a la derecha. Ahí estoy tirada, mi nariz sangra, no, no me ahogué, esta vez no, pero casi, por poquito, al menos te puedo escribir esta carta, que no, no es chistoso, no es chistoso caer si no puedes levantarte, no, no es chistoso sentir frío sabiendo que no puedes remediarlo. No, no eres cuico, o quizás sí, pero aún así puedes entenderlo. Entrega esto, más bien entregame esto, cuando me veas tirada en medio del museo, ese día, sí, ese día cuando muestren mi cuadro. Me veras jalando alejada del mundo, pasara un minuto y estaré tirada. No podrás evitarlo, pero entregame esta carta, quiero leerla, quiero disfrutarla. Luego, llévame pizza a dónde estaré en rehabilitación. No te conozco, no me conoces, solo tenemos en común a quien nos vende de la buena. Ve por mi. Piensa en mi, deseame lo mejor y quiereme, cuidame, como jamás serás capaz de quererte a ti. Esto no es sano, jamás lo será, pero lo necesito y sí, soy demasiado egoísta para entenderlo. Te dejo un pago. Solo llevame pizza vegana, con mucho aderezo, sabes de cual hablo, que este sea mi fin y mi nuevo comienzo. Sé que no eres tan cuico como para poder entenderlo. Río, siempre río. Y disfruto de las películas francesas sin subtítulos. Te daré un autógrafo de agradecimiento.
Un autógrafo y un eterno epitafio, ad portas de un mundo apocalíptico. El museo fue destruido, menos aquel cuadro, de aquella mujer ensangrentada en el piso. Es como la escena de Terminator, en que le sacan la foto a Sarah Connor. Reid siempre se preguntó en qué o quién pensaba ella en aquel momento, y era en él. Pues desde esa lógica se lee este anticuento.

martes, 30 de junio de 2020

MOCOS


Encontré un moco en la mesa, nos quedamos mirando juzgando quien incomoda más a quien. Me mira con su cara endurecida de que huea, “que huea” que cursi, ¡se dice que wea!. El moco me mira con desagrado, frunciendo el ceño, creo que piensa que soy desagradable. Sí, ese moco me juzga, al igual que el que encontré en la pieza, en el baño, en la cama, pero este barza esta en mi mesa. Llevo tres meses sin salir de mi casa y mi única compañía es un moco, ya me siento como Helga haciendo una escultura de Arnold. Sí, eso, podría esculpirte, una escultura de mocos. Bien gris y verdosa, pero hermosa. Pero quizás que piensen de mí los demás mocos, los que deje olvidados por ahí, me juzgan, sí, eso es, me juzgan. Sé que están por ahí, acabaré con ustedes, los limpiaré. Seré una persona pulcra e impoluta, pero deja de mirarme, porque no, no volverás a mi nariz, asume que ya te fuiste de casa. ¡Ring! ¿¡Quién es!? ¿Aló, mamá? Hola, sí, estoy bien, no, no estoy peleando con los mocos otra vez. ¿Qué la vecina te llamo preocupada de nuevo? No, tranquila, es que lo vieras, este moco sí es enorme, no sé cuánto tiempo lleva ahí. No, no mamá, ya no me los como, por eso andan por ahí, juzgándome, digo tirados. Sí, limpiare, gracias, adiós. Se corta la llamada. Ok mocos, a cada persona y ser en esta vida le llega el momento de saber por qué han venido a esta vasta tierra… es hora de visitar la ventana de la vecina.

martes, 23 de junio de 2020

SHOES

Me imagino caminado por New York, más muerta que sencilla queriendo ser una mala copia de una serie gringa. Creyéndome Carrie Bradshow antes de Big, pero después de Aidan, antes del escritor y del artista, pero después de protagonizar dos películas. Me imagino en Paris, me imagino en Abudabí, me imagino en el Central Park, me imagino con barro hasta las rodillas. Me imagino bajo la lluvia o en la peor sequía. Sequía, eso es, porque aquí estoy con mi balde de pollo frito que no es pollo frito, sino que tofu apanado con demasiada soya y poca alegría. Estoy en una maratón sin cortes y sin censura, envidiando todo el sexo que tienen esas peliteñidas. Y yo aquí, ni con pantaflas ni con sandalias, queriendo no aceptar el glamour de un par de tacones que estilicen mi figura. No, no invertiré en ellos, no es necesario. Pero no, tengo hambre, hambre de sexo a quien engaño, necesito mi cuenta de mercado libre porque digna soy y no pienso ir por ellos.

A C R O N I M O

Como olvidar el día en que creí haber comido demasiado
¿Alguna vez lo has sentido?
Mirando hacia cada lado
Imaginando que la realidad agobia, pero quizás no debe ser en vano

Vi entonces la salida y he comenzado de nuevo.

Camino otra vez en círculos creyendo saber de dónde vengo
Animándome a comenzar de nuevo
Mirando hacia dentro
Imaginando

Viviendo

martes, 14 de enero de 2020

12.5

Noche uno.

martes, 16 de julio de 2019

A mis (no)Amores

Cada vez que entro al Blog,
recuerdo a cada uno de mis amores,
voy a sus escritos,
y sonrió.

Desde el ego me pregunto si sentiran lo mismo,
si me recordaran con el mismo miedo,
odio,
dolor,
y tristeza.

Así han sido en su gran mayoría mis amores,
malos amores.

Amores incómodos,
deshonestos,
coludibles,
siniestros.

Mis amores lindos,
en su mayoría han sido no correspondidos,
en su mayoría solo han sido sueños míos,
han sido mi miedo de no querer ni poder cumplirlos.

Si lees esto,
lo más probable es que te siga amando,
o ame a múltiples personas al mismo tiempo,
o quizás jamás he amado,
la asexualidad afectiva me parece una opción cada vez más cercana a lo que no siento.

Ya ni idea de lo que siento,
pero siento,
te siento,
les siento,
siento.

Y tal como dije una vez,
dejé de ser el miedo y comencé a sentirlo.

Brandi

Al menos una vez al día, llega a esta maldita ciudad una mujer llamada Brandi queriendo cumplir sus sueños. Ella era Brandi y no Brandy, apelando a las destilerías clandestinas, al igual que su mirada caída. Jamás miraba a los ojos, ni cuando era su turno en el tubo, tal como su último día, cuando cayó rendida y no fue socorrida pensando que era parte del show. La noche anterior habíamos conversado bajo la bruma matutina. Tres cajetillas vacías. Descubrí que ella no era diferente al licor: ella era un brandy con máximo grado de alcohol y el mínimo grado de simpatía. Ella no era diferente a una mujer con el corazón destrozado, no era diferente a una mujer violentada, y no era diferente a quien despierta cada día sin vivir sus sueños. No era diferente a quien se consume a sí mismo. Ella era Brandi, y no puedo contar su historia. No sé su nombre, no sé su edad, la identificación era falsa. No la contraté, sólo le permití ser parte del espectáculo un par de noches. No pude declarar ni a su favor ni en contra. Solo sé que hoy iré a casa y le preguntaré a mi hija como estuvo su día. Esta maldita ciudad no merece más Brandis queriendo cumplir sus sueños.

domingo, 10 de febrero de 2019

Cartas encontradas entre las cenizas

Al llegar, me pediste una historia para poder dormir. Posterior a un abrazo y un beso, me lo pediste como si yo jamás me hubiese ido. No supe que cuento narrar, no recordaba ni clásicos ni leyendas, solo mis propias hazañas, que alguien de tu edad no debería ni escuchar ni vivir jamás.
Te mentí, te dije que estaba cansado, que no tenía cabeza para recordar, y no era así: los recuerdos me inundan, al igual que el dolor, al igual que haber querido cambiar las cosas desde un principio... Quizás jamás debí haberme ido, jamás haberlos abandonado, jamás haber luchado ni matado ni sobrevivido, pero no, ya lo hice, ya lo viví, ya es parte de mi historia, y por lo tanto, de la tuya.
Hijo mío, espero poder terminar esta carta para mañana, para que cuando despiertes y la puedas leer, comprendas que la historia no es siempre como la primera vez que te la cuentan, que tu alegría al verme no es más que parte de una versión que es cómoda de creer... no soy un héroe, fui y soy un asesino, alguien que aniquila sueños propios y ajenos.
La guerra no ha terminado, es un par de días vendrán por mí y deberé hacerme el sorprendido. No le digas a tu madre, no le digas a la familia. Lee y quema esta carta, y con ella mis fotos y mis recuerdos, ya no soy quien era antes de partir. 
Me iré, me volveré a ir una y otra vez. Te abandonaré, te traicionaré. Aliméntate de ese dolor y se capaz de enfrentarme cuando sea el momento, cuando tu, pequeño mío, debas ser el héroe.
Un beso, por favor, odiame, te ama, papá.

domingo, 27 de enero de 2019

A perder o a ganar

No lo voy a intentar,
por miedo a perder o a ganar.

Sé que estás ahí,
dispuesta a enfrentar los cambios.
Que es solo tema de llegar al final del camino,
de tocar a tu puerta,
y enfrentar tus labios.

Pero a que mi vida cambie,
no estoy dispuesto,
ya no estoy dispuesto,
ya no quiero más cambios.

No lo voy a intentar,
y no es por miedo a perder o a ganar.
Solo es que ya no quiero cambiar.
Prefiero seguir hundido,
si aún se puede más.
Si acaso aún puedo caer más.

Si gustas apostamos,
por un último brindis y nos vamos.
Pero no digas que lo sigamos intentando,
no digas que esta vez sí ha de funcionar,
no me digas que todo ha sido tu culpa,
que esta vez sí las cosas han de cambiar.
No me vayas a decir que has de cambiar,
si tu sí puedes seguir igual.
Que al menos yo por ti,
no he de cambiar,
no volveré a cambiar.

Mejor deja de mirarme,
ya no te encontrarás en mí,
no de nuevo,
no esta vez,
ya no eres lo mejor de mi.
No busques el perdón,
si no puedes perdonarte tu,
menos puedo hacerlo yo.

Esta vez al menos yo,
no lo intentaré,
contigo lo aposté todo,
y gane y perdí a la vez.

Por ti lo aposté todo,
y hasta aquí llegue.

Era mejor haber estado solo,
que contigo aquí en profundo silencio,
que contigo molesta siempre,
furiosa cada día.

Por eso un día no volví,
y aún no quiero volver.
Así que ya no vengas por mi,
no vengas a pedir una explicación.

No todas las personas cambian,
y yo al menos no por ti.
Ni por nadie,
ni por mí.

lunes, 7 de enero de 2019

Y cuando regreses, ¿qué?
¿Acaso se puede reparar lo que no está roto y continuar lo que nunca se terminó?
Si llegas,
nada cambiará,
porque tanto de mi vida como de la tuya,
ya no somos parte.
Y si no llegas,
solo queda continuar,
deseando haber quedado pendientes,
para en otra vida poderte encontrar.
Hablando contigo,
caí en cuanta que estaba muriendo.
-Paradise de fondo-
y yo solo invocando tu recuerdo.

Hablando contigo,
esperando los recuerdos,
quizás sean contigo,
pero no te conozco.

Hablando contigo,
ya he muerto,
-Paradise de fondo-
canto el coro.

Quizás ya has dejado de hablar conmigo,
y yo solo escribo mensajes que no serán vistos.

lunes, 10 de diciembre de 2018

lunes, 12 de noviembre de 2018

Jueves primero


Lo había olvidado, pero nos hemos re encontrado.

Ensayo reflexivo en torno al cuerpo



Si bien se describe al cuerpo como un mecanismo biofísico contenedor del alma, para mí es el articulador de un espacio de resistencia o de re existencia como diría Alfredo Ghiso –Educador Popular de Colombia-, en el que no se contiene el alma, sino que esta se expresa y parte de ello, es el arte cultural del tatuaje.
Como primer punto, para mí el alma no es posible de mantener eternamente capturada, como si solo la muerte fuese un mecanismo liberador. No, para mí el alma tiene movimiento propio e interactúa con el universo en función de la armonía de quien esté relacionado directamente con ella, me refiero, al estado de conciencia. Ya que, si esta conciencia no está en situación de armonía, poco puede hacer el alma para ser entendida, por el hecho de no existir un canal capaz de conectar ambos mundos.
Como segundo punto, el arte cultural del tatuaje, además de ser testimonio viviente del relato de una cultura en un determinado momento, ha evolucionado de lo cultural a lo social, siendo parte del día a día de quien ha decidido pigmentar su cuerpo o parte de este, insinuando parte de lo privado en las relaciones públicas. Me refiero a verse convertido en un lienzo humano.
Como tercer punto, puedo y quiero y debe hablar desde el yo, mi resistencia ha sido tatuarme a pesar del riesgo que esto significa en función de mi profesión –Psicóloga-, lo que da paso a mi re existencia, que es ser parte de este mundo enfrentando las posibles discriminaciones. De hecho, he podido desarrollar estrategias de contención ante situaciones de riesgo y apelo a vivir de manera consecuente, lo que me ha triado dificultades que me han posibilitado fortalecer mi ser.
Dicho fortalecimiento ha tenido costos, tales como limitación en oportunidades laborales, pero en el fondo me ha salvado de instancias que podrían ir en contra de mi bienestar. Y a su vez, dicho fortalecimiento me ha posicionado como una mujer con determinación y con principios cada vez más afines a que esta alma sea capaz de conectarse con el universo. Y es ahora cuando entro al cuarto punto, los tatuajes y la sexualidad.
Desde que tengo tatuajes, mi vida sexual se articula en torno a ellos, como, por ejemplo, que quieran saber cuántos tengo, dónde los tengo, y qué se siente al acariciarlos, y sí, la sensación táctil es diferente, es como si haya erotizado todo mi cuerpo. Quizás, a veces, se interprete que por ser tatuada quiero contacto todo el tiempo y no es así, para mí lo importante es lo que ocurre antes del tacto, ya sea la mirada o la palabra, el olor y los sabores que se compartan. Para mí la sexualidad y el ser tatuada es un complemento que potencia la misticidad del momento.
Para finalizar, debo reconocer que parte de mi historia y ser tatuada comenzó cuando ya no encontraba formas de sacar de mi todo el dolor emocional que sentía. Tuve depresión diez años. Apoyada con psicólogas y psiquiatras, con medicamentos y terapias, no obstante, el tatuarme y el dolor físico que ello implica aliviaba el dolor de mi alma, era como una forma de canalización. De hecho, puede ser un tema físico, pero prefiero verlo a modo espiritual, pero desde que cada vez se acercaba más el alta, menos dolía hacerme un tatuaje. Y ahora lo hago porque lo disfruto y existe goce en contar mi propia historia, en mi propia piel.
A modo de cierre, ser una persona tatuada me ha conectado con mi cuerpo, con mi alma, con mi entorno. Desde el cuidado que se debe tener al cuidarlo, pasando por los mensajes que nos entrega el alma que serán transcritos con pigmentos y llegando a la comunicación con otro, ya que eso somos, seres sociales y con corporalidades, tanto física como otras que no lo son y que intentamos saber qué son, en lugar de disfrutarlas.
Disfrutemos y disfrutemosnos.