domingo, 27 de enero de 2019

A perder o a ganar

No lo voy a intentar,
por miedo a perder o a ganar.

Sé que estás ahí,
dispuesta a enfrentar los cambios.
Que es solo tema de llegar al final del camino,
de tocar a tu puerta,
y enfrentar tus labios.

Pero a que mi vida cambie,
no estoy dispuesto,
ya no estoy dispuesto,
ya no quiero más cambios.

No lo voy a intentar,
y no es por miedo a perder o a ganar.
Solo es que ya no quiero cambiar.
Prefiero seguir hundido,
si aún se puede más.
Si acaso aún puedo caer más.

Si gustas apostamos,
por un último brindis y nos vamos.
Pero no digas que lo sigamos intentando,
no digas que esta vez sí ha de funcionar,
no me digas que todo ha sido tu culpa,
que esta vez sí las cosas han de cambiar.
No me vayas a decir que has de cambiar,
si tu sí puedes seguir igual.
Que al menos yo por ti,
no he de cambiar,
no volveré a cambiar.

Mejor deja de mirarme,
ya no te encontrarás en mí,
no de nuevo,
no esta vez,
ya no eres lo mejor de mi.
No busques el perdón,
si no puedes perdonarte tu,
menos puedo hacerlo yo.

Esta vez al menos yo,
no lo intentaré,
contigo lo aposté todo,
y gane y perdí a la vez.

Por ti lo aposté todo,
y hasta aquí llegue.

Era mejor haber estado solo,
que contigo aquí en profundo silencio,
que contigo molesta siempre,
furiosa cada día.

Por eso un día no volví,
y aún no quiero volver.
Así que ya no vengas por mi,
no vengas a pedir una explicación.

No todas las personas cambian,
y yo al menos no por ti.
Ni por nadie,
ni por mí.

lunes, 7 de enero de 2019

Y cuando regreses, ¿qué?
¿Acaso se puede reparar lo que no está roto y continuar lo que nunca se terminó?
Si llegas,
nada cambiará,
porque tanto de mi vida como de la tuya,
ya no somos parte.
Y si no llegas,
solo queda continuar,
deseando haber quedado pendientes,
para en otra vida poderte encontrar.
Hablando contigo,
caí en cuanta que estaba muriendo.
-Paradise de fondo-
y yo solo invocando tu recuerdo.

Hablando contigo,
esperando los recuerdos,
quizás sean contigo,
pero no te conozco.

Hablando contigo,
ya he muerto,
-Paradise de fondo-
canto el coro.

Quizás ya has dejado de hablar conmigo,
y yo solo escribo mensajes que no serán vistos.

lunes, 10 de diciembre de 2018

lunes, 12 de noviembre de 2018

Jueves primero


Lo había olvidado, pero nos hemos re encontrado.

Ensayo reflexivo en torno al cuerpo



Si bien se describe al cuerpo como un mecanismo biofísico contenedor del alma, para mí es el articulador de un espacio de resistencia o de re existencia como diría Alfredo Ghiso –Educador Popular de Colombia-, en el que no se contiene el alma, sino que esta se expresa y parte de ello, es el arte cultural del tatuaje.
Como primer punto, para mí el alma no es posible de mantener eternamente capturada, como si solo la muerte fuese un mecanismo liberador. No, para mí el alma tiene movimiento propio e interactúa con el universo en función de la armonía de quien esté relacionado directamente con ella, me refiero, al estado de conciencia. Ya que, si esta conciencia no está en situación de armonía, poco puede hacer el alma para ser entendida, por el hecho de no existir un canal capaz de conectar ambos mundos.
Como segundo punto, el arte cultural del tatuaje, además de ser testimonio viviente del relato de una cultura en un determinado momento, ha evolucionado de lo cultural a lo social, siendo parte del día a día de quien ha decidido pigmentar su cuerpo o parte de este, insinuando parte de lo privado en las relaciones públicas. Me refiero a verse convertido en un lienzo humano.
Como tercer punto, puedo y quiero y debe hablar desde el yo, mi resistencia ha sido tatuarme a pesar del riesgo que esto significa en función de mi profesión –Psicóloga-, lo que da paso a mi re existencia, que es ser parte de este mundo enfrentando las posibles discriminaciones. De hecho, he podido desarrollar estrategias de contención ante situaciones de riesgo y apelo a vivir de manera consecuente, lo que me ha triado dificultades que me han posibilitado fortalecer mi ser.
Dicho fortalecimiento ha tenido costos, tales como limitación en oportunidades laborales, pero en el fondo me ha salvado de instancias que podrían ir en contra de mi bienestar. Y a su vez, dicho fortalecimiento me ha posicionado como una mujer con determinación y con principios cada vez más afines a que esta alma sea capaz de conectarse con el universo. Y es ahora cuando entro al cuarto punto, los tatuajes y la sexualidad.
Desde que tengo tatuajes, mi vida sexual se articula en torno a ellos, como, por ejemplo, que quieran saber cuántos tengo, dónde los tengo, y qué se siente al acariciarlos, y sí, la sensación táctil es diferente, es como si haya erotizado todo mi cuerpo. Quizás, a veces, se interprete que por ser tatuada quiero contacto todo el tiempo y no es así, para mí lo importante es lo que ocurre antes del tacto, ya sea la mirada o la palabra, el olor y los sabores que se compartan. Para mí la sexualidad y el ser tatuada es un complemento que potencia la misticidad del momento.
Para finalizar, debo reconocer que parte de mi historia y ser tatuada comenzó cuando ya no encontraba formas de sacar de mi todo el dolor emocional que sentía. Tuve depresión diez años. Apoyada con psicólogas y psiquiatras, con medicamentos y terapias, no obstante, el tatuarme y el dolor físico que ello implica aliviaba el dolor de mi alma, era como una forma de canalización. De hecho, puede ser un tema físico, pero prefiero verlo a modo espiritual, pero desde que cada vez se acercaba más el alta, menos dolía hacerme un tatuaje. Y ahora lo hago porque lo disfruto y existe goce en contar mi propia historia, en mi propia piel.
A modo de cierre, ser una persona tatuada me ha conectado con mi cuerpo, con mi alma, con mi entorno. Desde el cuidado que se debe tener al cuidarlo, pasando por los mensajes que nos entrega el alma que serán transcritos con pigmentos y llegando a la comunicación con otro, ya que eso somos, seres sociales y con corporalidades, tanto física como otras que no lo son y que intentamos saber qué son, en lugar de disfrutarlas.
Disfrutemos y disfrutemosnos.

domingo, 17 de junio de 2018